Con rumbo a la panadería dueño y mascota caminaban en una mañana invernal.
Una concurrida clientela hacía una muy buena cola, y mientras el dueño a ella se sumaba, la mascota a una puerta cercana quedaba atada para evitar su escapada o una cariñosa mordida a algún peatón desprevenido.
Y como el bendito pan que del horno no salía, hacía larga y más larga la cola, la espera igualmente se adueñaba de toda la hilera , dueño de la mascota incluido.
Y sumando minutos la espera, la mascota que a todas partes miraba, de parada tornó en sentada, se dio cuenta que iba a ser larga la espera.
Y en esa cómoda posición en un seco pero frío suelo del pavimento, movía a todas direcciones su cabeza observando por doquier a peatones y ocurrencias del la diaria existencia.
Y cuando por fin, el dueño alcanzó de la caja de la panadería y a llenar la bolsa de pan, dueño y mascota retornaron a casa después de un prolongado tiempo de espera.
Es acaso permanente comunicación
entre dueño y mascota, o
es que la mascota dáse cuenta, en primera
de que lo que viene , entre ello una larga espera.
Y en cuanto a la panadería,
panadero, vendedor cajero y dependiente,
es mucha labor , para una sola persona,
ni aún con horno automático,
o caja ultra moderna,
tal vez un robot que atienda
hará menos prolongada la espera.
Dochanlu.
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